Cine y Moda

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Desde los años 30, el cine ha sido lanzadera y escaparate de la moda. Todo comenzó cuando Samuel Goldwyn Meyer, productor de la Metro, atribulado por el descenso de taquilla tras el Crack del 29, se marcó como objetivo cautivar al público de clase alta, interesado en la cultura como expresión del lujo. Coco Chanel se convirtió así en el gancho para atraer espectadores. Desde entonces, el vestuario de las películas se encargó a grandes agujas del diseño. Con el tiempo, la personalidad convulsa de los modistos y el halo de glamour y exceso que les rodeaba los convirtió en protagonistas de biopics y documentales. Pero el bucle no ha cesado, hoy la moda se apoya en los llamados fashion films para promocionar las marcas. Muchas de estas composiciones cinematográficas están firmadas además, por primeras espadas del cine.

1951 Momentos de peligro

La Alta Costura entró en escena en 1930 y no empezó con buen pie. Cuando regresó de la meca del cine, Chanel espetó: “Hollywood es la capital del mal gusto”. La experiencia en el diseño del vestuario de Esta noche o nunca (Mervin LeRoy, 1931), Palmy Days (Edward Sutherland, 1931) y Tres rubias (Lowell Sherman, 1932) le dejó un sabor amargo y un millón de dolares en el bolsillo. El frasco de su perfume Shocking se inspiró en el torso de Mae West, de cuya indumentaria se encargó la creadora en Todos los días son fiesta (Edward A. Sutherland, 1937). Tras estas experiencias iniciáticas, la Alta Costura ya no se apeó de los sets de cine, con tándems legendarios como el de Givenchy y Audrey Hepburn, que compartieron siete títulos para la Paramount, entre ellos Desayuno con diamantes (Blake Edwards, 1961) o Charada (Stanley Donen, 1963). También es famoso el flechazo entre Marlene Dietrich y Christian Dior, y bien conocida la anécdota de la rubia alemana retando tajante a Hoitchcock -“No Dior, no Dietrich”- cuando l director rechazó acudir al modisto francés para su película Pánico en la escena. Catherine Deneuve, por su parte, entabló amistad de por vida con Yves Saint Laurent tras Belle de Jour (Luis Buñuel, 1967).

 

1967. Ariane

En el cine español hay que destacar el vínculo entre Almodóvar y Jean Paul Gaultier con looks icónicos como el traje de Victoria Abril en Kika o el mono de Elena Anaya en La piel que habito. Pero si nos referimos al armario de actores masculinos, el apellido es Armani. Con American Gigolo (Paul Schrader, 1980), el italiano marcó un antes y un después en su carrera y en la sastrería de caballero gracias a diseños elegantes y confortables. Su presencia en Hollywood resulta habitual, desde Los intocables de Elliot Ness (Brian de Palma, 1987) a Malditos bastardos (Quentin Tarantino, 2009). Aunque si existe un tótem varonil en el celuloide, ese es Bond, James Bond. Brioni es la marca que ha vestido al agente 007 hasta Quantum of Solace (Marc Foster, 2008) cuyo vestuario fue firmado por el mismísimo Tom Ford. Es Espectre, la última entrega de la saga, el creador rubricó seis atuendos de Daniel Craig.

 

1993. Kika

 En el apartado de diseñadores protagonistas de películas hay que referirse a Army Alive! que narra la vida de la fundadora de Marimekko, icónica marca de moda finlandesa. Sin embargo, el interés por la vida y obvra de creadores fashion no es nuevo y en algunos casos ha llegado de dos en dos. Así en 2009 se dedicaron un par de películas a Coco Chanel: Coco, de la rebeldía a la leyenda de Chanel, centrada en la juventud modesta del epítome de la mujer moderna, y Coco Chanel & Igor Stravinsky, que especula acerca del romance de la diseñadora y el compositor. En 2014, Yves Saint Laurent también contó con doble tributo, no sin controversia. Dos biopics sobre el modisto que vistió a la mujer con esmoquin desencadenaron la polémica. El que fuera su pareja sentimentaldurante medio siglo y tambieén fundador del emporio de moda, Pierre Bergé, arremetió contra la primera versión, Saint Laurent,  de Bertrand Bonello, que se estrenó en mayo de 2014 y se centró en las sombras del creador (depresión, abusos de alcohol y estupefacientes y la relación con el amante de Karl Lagerfeld, Jacques de Bascher). Sin embargo, Bergé brindó su apoyo a la segunda cinta, que debutó en febrero del año pasado en la Berlinale. Yves Saint Laurentde Jalil Lespert, supone un recorrido biográfico desde la niñez del diseñador en Argelia al desfile dedicado a los Ballets Rusos de Diaghilev.

 

La personalidad esquiva del Káiser, parapetada tras sus gafas de sol, fue captada en 2007 por el documental Lagerfeld confidencial y en 2008 Valentino protagonizó The Last Emperor que narra el acto final de su carrera con cierto tono de amargura. El siguiente en la lista ha sido Balenciaga, retratado por Medem en The Impossible Suit, un trabajo pendiente de estrenar que habla del couturier español más importante de la historia y en el que se explica su enfrentamiento a Hitler en el París ocupado, el estallido de mayo del 68 y su rivalidad con Coco Chanel.

“Está muy bien contratar a Steven Meisel o a Terry Richardson para campañas, te garantizan un fotón, pero para contenidos en redes sociales no están al mismo nivel, así que las marcas han tenido que servirse de lo audiovisual para contar muy rápido y muy bien el universo de la firma”. Así sintetizaba el director del Madrid Fashion Film Festival, José Murciano, la irrupción de los cortos de moda en el terreno de juego. Directores y actores se han enrolado en esta nueva dinámica. Dos ejemplos: la direción del último Miss Dior -protagonizado por Natalie Portman y a cargo de Anton Corbiin, que acaba de estrenar el largo sobre James Dean, Life-, y el director de publicidad Yoann Lemoine, conocido en su faceta musical como Woodkid, que ha certificado el nuevo fashion film de Lolita Lempicka, liderado por Elle Fanning. Entre las grandes firmas que mejor juegan esta baza, Murciano destacó Miu Miu y Prada. El especialista hizo referencia a Women’s Tales,  impulsado por la marca más joven de Miuccia, con cinco piezas audiovisuales dirigidas por promesas y veteranas de la dirección, caso de Alice Rohrwacher, Gran Premio del Jurado en Cannes 2014, y Agnès Varda, insignia viviente de la Nouvelle Vague.

La directora de la escuela de Moda del Istituto Europeo di Design Madrid, Isabel Berz, ha criticado que muchos cortos se conciban como meros encadenados de imágenes carentes de narrativa. Por eso ha puesto en marcha una iniciativa que apoya a exalumnxs con vídeos en formato 360º. El proyecto, en el que colabora Samsung, muestra colecciones de Sonia Carrasco, Virginia Vallejo y María Rocatín para su proyección internacional. Porque según Berz, “la pasarela resulta más fría y es un formato visto, pero un fashion film puede transmitir una historia que conecta”.

Texto: Begoña Donat (Yo Dona)

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