En la academia nos gusta entender la sociedad que gira entorno a los grandes movimientos estéticos que siempre van vinculados a la historia ya que la moda es un claro reflejo de la sociedad.
Generalmente después de épocas de represión, crisis o hechos tan importantes como una guerra, la sociedad responde abriéndose a grandes cambios, empezando por su propio vestuario.
Desde finales de los 60 y durante todo el periodo de los 70, la sociedad vivió una época de grandes cambios, tanto sociales como estéticos. Revoluciones como la lucha por la igualdad y movimientos hippies contra la guerra, dieron cabida a grandes revoluciones creativas dentro de los diferentes campos culturales como la música el arte y como no, la moda.
Estos movimientos siempre fueron protagonizados por jóvenes que habiendo dejado de creer en sus antecesores, a los que culpaban de todas las desgracias de la sociedad, buscaban nuevos lideres, Y así revolucionarios como los Beatles , Warhol o Twiggy se convirtieron en iconos visibles lideres del movimiento.
El movimiento conocido como Swinging London, posicionó a Londres como «punto caliente» El positivismo, la música y el color se adueñaron de las calles.
Entre todo este maremágnum apareció lo que sin duda se convertiría en una de las prendas que marcó esta época , de la mano de la diseñadora Inglesa Mary Quant llegó la minifalda.
Al principio, lejos de ser una reivindicación con connotaciones sexuales y atribuida al potente movimiento feminista, nació con un fin muy diferente ya que junto a los leotardos de colores, daba un look casi naif.
La diseñadora inglesa supo ver la necesidad de cambio que había en el mundo de la moda debido al fuerte posicionamiento de la moda excesivamente cara y la poca oferta existente para un público joven, estos factores la convirtieron en una pieza clave para la expresión de la sociedad de aquellos años.